Garci hace fundido en negro y lo deja.

El guionista de aquella Cabina claustrofóbica y premiada ; el autor del corto primerizo Mi Marilyn; o, en 1980, de su particular homenaje a Alfonso Sánchez, el crítico cinematográfico más genuino.
Uno de los creadores (junto a Mercero, Bodegas, González Sinde (sí, el padre de la ex ministra), el propio Olea y el productor José Luis Dibildos, de aquel cine mucho más que posibilista que se dio en llamar “tercera vía”.
El soñador que apostó la pasta en una productora ad-hoc, cinematográfica y literaria, que no podía llevar otro nombre que Nickel Odeón.

El amigo, con desencuentros, de Alfredo Landa, compitiendo por el podio en la preparación del Dry Martini.
El hombre que hizo del humo de los cigarrillos atmósfera imprescindible de sus películas (You’re the one blanco y negro inolvidable); el guionista de diálogos de precisión quirúrgica envueltos en el más esplendoroso idioma castellano, con apuntes de casticismo; el relator (en boca de sus personajes y en la suya propia) de las más grandes hazañas del boxeo, del Price al Madison Square Garden, de Luis Folledo a Joe Luis o Cassius Clay ( él nunca le llamaría Muhamadd Alí).
El que, en 2004, hace girar el Tiovivo C. 1950, acaso su mejor película, un monumental fresco de la España de esa mitad del siglo pasado, la de su infancia y casi la mía, un coral mosaico de vidas al límite de la supervivencia que nunca pierden la decencia y en la que la exhibición de toreo de salón en una sala de fiestas madrileña resulta un regalo; el adaptador fiel que seis años antes, en 1998, da al inmenso Fernán Gómez uno de los papeles de su vida, en la galdosiana El abuelo.
O el que inventó a un Holmes (y Watson) imposibles en Madrid en la que, anuncia, habrá sido su última película.
Un hombre apasionado, pues como él mismo dijo: “Por qué conformarse con dos o tres pasiones (el fútbol estaba entre ellas) cuando se pueden tener todas”.
A Garci le llamaron comunista cuando Asignatura pendiente y ha acabado señalado como amigo de la derecha. Y él, con esos ojos diminutos que en realidad son panorámicos, sigue a lo suyo que, a partir de ahora, ya no será el cine si de dirigir hablamos.
Espíritu libre, hace de su capa un sayo. Y hace bien.

José Luis Garci ha puesto el "The end” mientras canturrea la letra de Aute: “Cine, cine, cine, más cine por favor, que todo en la vida es cine, que todo en la vida es cine, y los sueños cine son”.
P.M.